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El cuento de la “Ley de Medios”.

En los últimos días ha tomado fuerza en nuestro país, saltando a los titulares de la prensa escrita, radio y televisión, una aparatosa polémica sobre el proyecto de ley conocido como “ley de medios”, y que ha alcanzado ya ribetes de farsa, atrapando entre sus pliegues a académicos, dueños de periódicos, activistas de variopinta tendencia e incluso al propio NIC Chile, sin que la mayoría de los intervinientes lleven velas en el entierro.

El origen del asunto está en dos proyectos de ley (boletines 9460-19 y 9461-19) que buscan que, por seguridad jurídica, se entienda como diario todo periódico que haga publicaciones por vía electrónica a lo menos cuatro días a la semana y que haya cumplido con los requisitos propios de los medios de comunicación: que dé aviso de su existencia a la Gobernación o a la Intendencia, que señale quién es el director responsable y cuál es su dirección, que deposite copia de lo que publica en la Biblioteca Nacional, agregándose adicionalmente que el medio este alojado en un nombre de dominio .cl.

Todo ello para el caso que el dueño del medio electrónico quiera que su medio sea considerado diario, pues si no, no pasa nada. El tema que el proyecto de ley quiere solucionar es uno de los problemas críticos de los modestos medios electrónicos regionales o locales: viven a medio morir saltando porque las publicaciones legales de carácter regional o provincial se hacen solo en medios impresos, ya que quienes deben publicar (sean autoridades o particulares) no se atreven a hacerlo en medios electrónicos pues no tienen certeza de que sea un medio válido para ello, es decir, que sea considerado para todos los efectos como un diario. Las dudas que surgen son del estilo de si la Contraloría va a objetar un llamado a concurso hecho a través de un medio electrónico local o de si el Juzgado va a considerar válido el aviso de extravío de cheques a través del mismo medio.

Con peras y manzanas y aterrizándolo a un caso concreto: si usted tiene un medio de comunicación social digital en que, por ejemplo, se dedica a informar a la comunidad de la provincia de Arauco sobre las noticias que conoce o que le llegan a través de los vecinos, pues la ley sólo entenderá que lanalhuenoticias.cl es propiamente un diario si el propietario ha tenido la precaución de cumplir con los requisitos legales para ello (aviso a Intendencia, uso de dominio .cl, señalamiento de su nombre como responsable, etc.); sólo entonces los avisos legales que se publiquen en ese medio producirán efectos como si se publicaran en papel y el propietario podrá cobrar conforme a esa realidad.

Los requisitos son los razonables para cualquier medio de comunicación decente: los avisos de los cheques extraviados pretenden tener efecto en Chile, entonces el nombre de dominio debería ser un dominio .cl; si alguien quiere ejercer los derechos constitucionales de réplica o rectificación es evidente que necesita saber a quién dirigirse (el director del medio) y dónde enviar la información correspondiente.

Pero tristemente aquí empieza la parte bufa: a una ONG que ustedes conocen se le ocurrió que todo lo anterior era insoportable y escandaloso, por lo que utilizó todos sus recursos para denunciar, con campanas al vuelo y gritos de ¡fuego! incluidos, que el proyecto de ley era un atentado a la libertad de expresión de todos los chilenos y chilenas, pues quien escribiera en blogs, Facebook y Twitter más de 4 veces a la semana estaba obligado a registrarse ante órganos de gobierno, responder patrimonialmente con multas de hasta 30 UTM y que teníamos que depositar copia de todo lo que escribiéramos ante las autoridades. Y concluyeron todo esto en base a su fructífera imaginación, pues el proyecto no contiene nada de eso.

Agregaron también, de su propia cosecha y para asegurarse de que el petróleo ardiera, que esto solo beneficiaba a los privilegiados que detentan el poder, que se persigue acallar el discurso crítico del pueblo en Internet, que se busca terminar con el anonimato de las opiniones instalando la persecución permanente y un largo etcétera de consecuencias, incluyendo la surrealista idea que de permitirse esto seríamos como la Rusia de Putin.

A la voz de ¡fuego, fuego!, la gente reaccionó a través de las redes sociales insultando al que se les cruzó por adelante, y cada entidad que creyó verse afectado sacó alguna declaración pública, tratando de eludir responsabilidades que nadie le ha atribuido, como fue el caso de NIC Chile, o manifestando su conformidad con el cómodo statuo quo, como hizo el dueño de “El Mostrador” o formulando reivindicaciones gremiales, que es lo que toca al Colegio de Periodistas.

En síntesis: calma. Los proyectos de ley, que puede revisar usted mismo en los enlaces que aparecen en esta columna, no dicen nada sobre ninguna de las cuestiones absurdas que se han planteado.

Simplemente señalan que si usted tiene un medio de comunicación electrónico, podría tener el estatus de diario, si lo desea y cumple con los requisitos. ¿Para qué?. Para publicar avisos legales y cobrar por ello.

Todo lo demás es humo. Desengáñese por sí mismo.

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[li type=”glyphicon-plus”]ACTUALIZACIÓN 10 de enero de 2015: ¿Y si se aprobaran las reformas, como quedaría la ley de prensa?. BAJAR AQUÍ.[/li]
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Carlos Reusser M.

Abogado, Universidad de Chile. Máster en Informática y Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

4 comentarios en “El cuento de la “Ley de Medios”.”

  1. Estimado Carlos,

    En primer lugar, quiero aclarar que NIC Chile no expresado ninguna posición respecto de la necesidad o no de legislar, o de si la iniciativa como está redactada cumple con los objetivos que declaran sus impulsores.

    Lo que sí hemos dicho, y reitero, es que no corresponde exigir el uso de un dominio “.cl” para operar un medio de comunicación electrónico. Esto no es ni necesario ni suficiente. Para citar un ejemplo, “emol.com” no es un medio que opere en Chile por usar “.cl”, que no lo usa, sino por otras circunstancias que hacen que así sea. En el mundo actual, ni siquiera es necesario usar un dominio si uno utiliza un sitio dentro de Facebook, o un blog bajo blogspot.com, o un app en IOS o en Android. Si lo que se busca es que el medio tenga un representante legal con domicilio en Chile, eso se debe establecer explícitamente y no de manera indirecta vía el dominio.

    Finalmente, respecto de lo que dices que NIC Chile estaría buscando eludir responsabilidades que nadie le habría atribuido, lamento comunicarte que hay muchos que livianamente sí nos han acusado de estar detrás de esta iniciativa. Ejemplos hay muchos, pero para no alargar esta respuesta te menciono solo lo que la periodista Bernardita Ruffinelli publicó en twitter:

    cómo va el recorte de @NICChile con #leydemedios ??? lindo lobby ese, ah.

    https://twitter.com/bruffinelli/status/552211072078602240

    Saludos,

    Patricio Poblete

    1. Estimado prof. Poblete:
      Creo que en este caso NIC Chile se ha equivocado, apresurándose en hacer una declaración sobre un tema que no tiene que ver con el funcionamiento de Internet, sino con la ley de prensa y la forma en que los medios de comunicación social pueden financiarse.
      El tema no declarado pero que subyace a la reforma legal es cómo darle eficacia a las publicaciones que se hacen en medios de comunicación social electrónicos. Y dentro de ese contexto es que la idea de que se utilicen .cl tiene cierta lógica. Si se trata de un aviso de chilenos, destinado a los habitantes del país, que hay que exhibir ante una autoridad judicial o administrativa del país para que produzca efectos acá, la lógica de usar un dominio .cl tiene asidero. No es una lógica impecable, pero está en el ámbito de lo razonable o atendible.
      Entonces, la destemplada declaración de NIC Chile tomando partido en un proceso de discusión legislativo sin mirar los alcances ni la problemática que se pretendía abordar, me parece fuera de lugar (“consideramos que dicho requisito debe ser eliminado del proyecto”).
      Creo que en este caso, a diferencia de otras situaciones, a NIC Chile le faltó perspectiva.

  2. Estimado Carlos:

    Agradezco enormemente el esfuerzo de hacer entender de forma más humana la “ley de medios”.
    Como se explica claramente, son los pasos a seguir para que, “por ley”, se logre declarar un medio electrónico como diario.
    Sonará cliché, pero estamos un poco atrasados con los continentes más antiguos: tanto en cultura como legislativamente sobre los temas del uso de internet.
    Hace 2 semanas llegué a sentir una extraña sensación cuando mi padre me dijo que los últimos 6 meses solo ha emitido boletas de honorarios electrónicas, y aunque tenga un oficio distinto a ejercer como periodista, ambos deben llegar a un punto en común: que el uso de tecnologías siempre tenga un enfoque humano.
    Por esta razón: siempre es bueno saber dónde se encuentra la persona que te ofrece un servicio cualquiera, además de que, en caso de generar ingresos por el medio que sea, si genera lucro debería tributar según lo estipula su país de residencia.
    Todos los usuarios de tecnología no deben verla como piedra filosofal, sino como una simple pero poderosa herramienta que nos simplifica la vida, pero que no debe ser utilizada para pasar por sobre la ley (y reitero que el derecho informático aún está en verde).

    Saludos

  3. Estimado Carlos.

    La reacción de los usuarios de las redes sociales como Twitter y Facebook ante este proyecto de ley, demuestra la poca confianza de la ciudadanía en los políticos que ellos no han elegido (normalmente uno elige 1 diputado y 1 senador, que es lo máximo, pero el resto son basura). La razón de esta persepción tiene asidero por la innumerable cantidad de leyes creadas por nuestros legisladores que no han ido más que en beneficio de grupos económicos o de quienes detentan el poder; esto último agravado por el hecho de que todos los períodos se vuelven a elegir prácticamente a los mismos políticos, lo cual genera una sensación de la existencia de una oligarquía frente a un ciudadano que nadie protege.

    No es rara la reacción, y si los diputados y senadores quieren trabajar más tranquilos sin que se les vaya la ciudadanía encima en las redes sociales, tienen que partir por transparentar los intereses que los mueven. Para eso el gobierno anterior impulsó una ley del lobby que terminó siendo ni chicha ni limonada, por lo tanto, la sensación queda, y ante la vista de todos los parlamentarios relacionados al Banco Penta, y al PC en relación a la Universidad Arcis, cuya comisión investigadora llegó a nada, no queda más que no creerle a ningún parlamentario, y ciertamente una ley como la que se está tratando de impulsar ahora, levanta sospechas en la población y con justa razón, por que en su forma actual quizás sea inocua, pero cuando salga en el diario oficial o quizás en una posterior modificación termine fácilmente siendo una ley de censura para todos los que se manifiesten contra un gobierno sea por la razón que sea.

    En conclusión, esta ley, según los antecedentes expuestos en el artículo, hasta ahora parece no generar un problema, pero me permito dudar de que así será en el largo plazo.

    clemare

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