Skip to main content

Sobre “El Juicio de Pascual Pichún”

Como muchos de ustedes sabrán El Juicio de Pascual Pichún es un documental de reciente aparición, de María Teresa Larraín, que aborda el conflicto por tierras suscitado entre un Lonko mapuche y su comunidad con un influyente latifundista y político chileno.

Los hechos, en principio, son simples: Pascual Pichún, Aniceto Norín y “Chepa” son acusados judicialmente de perpetrar ataques incendiarios y amenazar a los propietarios del fundo Nancahue, y el Ministerio Público pretende que un tribunal los procese y condene como culpables de infracciones a las leyes antiterroristas.

¿Cree usted que el juicio trató sobre eso?. Pues no. Nada más comenzar el proceso judicial este se transforma en algo muy similar al célebre caso (y película) Sacco e Vanzetti: la efectividad y la prueba de los hechos no le importan a nadie, porque no es lo que realmente se está juzgando. Para la Fiscalía este es un proceso político con efectos ejemplarizadores y sus alegatos son una alabanza a la trilogía Dios – Patria – Ley, que tan buenos dividendos reporta de cuando en cuando al fascismo y que tan mal le hace al mundo.

Sobre las pruebas y las evidencias del proceso, nada o casi se nada se dice, salvo una referencia a cartas de amenazas y las declaraciones de testigos sin rostro. Los acusados han caído en un laberinto judicial, con sus vueltas, recovecos y trampas, y aunque parece difícil que salgan de ahí con bien, finalmente lo logran: los tres jueces declaran que no hay pruebas que permitan acreditar la participación de los imputados en los delitos y, por ende, no hay méritos para condenarlos.

¿Final feliz?. No. Tristemente nunca fue importante que encontrarán la salida del laberinto, porque en realidad siempre hemos tenido a los mapuches bajo una cúpula de cristal de la que no pueden escapar.

Así, el Lonko Pascual Pichún termina en la cárcel por 5 años porque alguien con poder suficiente consiguió que se anulara el juicio y la carta de amenazas fuera considerada “carta terrorista”. Pascual Pichún no podía ni debía ganar este juicio, ni ningún otro planteado en condiciones similares porque el Estado, en nuestro nombre y en el de la seguridad, se ha asegurado de que ello sea así.

Históricamente a los indígenas los hemos torturado, tratado como animales, marcado con hierros, alcoholizado y, cuando los hemos tenido lo suficientemente diezmados, los encerramos en tierras pequeñas y pobres para procurar que ellos y sus familias mueran en la miseria. Y ojalá que mueran discretamente, porque tampoco se desean revueltas desagradables ni violencia de ningún tipo, pero si ella se produce ya hemos previsto el remedio: los meteremos en cintura invocando la ley y usando los largos brazos de la policía.

No hay nada de que preocuparse porque el sistema político y jurídico esta diseñado para esto. Entonces, es deber de los mapuches estar calmos y, si tienen demandas, les escucharemos civilizadamente en la CONADI, que es el Monopoly que les hemos inventado y donde pueden jugar a tener cuotas de poder.

Mientras tanto, deben esperar, pues el país tiene otras prioridades. ¿Cuanto tiempo?. Pues el que sea necesario. Y en teoría el diseño funciona: la pobreza a lo que los hemos reducido debería tenerlos bajo una cúpula en que es difícil verlos, difícil escucharlos y donde nada relevante podrán hacer, porque carecen de los recursos necesarios para defenderse aun cuando la policía los este matando.

Y como no los vemos y no los escuchamos, podemos decir de ellos lo que queramos: que son pobres porque no trabajan, porque son alcohólicos, porque son feos, porque son hediondos, porque son violentos, porque son terroristas y porque no son verdaderos mapuches ni les representan, como les decía el Fiscal a cargo de los alegatos.

Y así lo repetiremos hasta el día en que cada niño mapuche sienta vergüenza de sus tradiciones, de su cultura, y de su identidad. De hecho, esto último ya lo hemos logrado, por lo que podemos proclamar con orgullo que hemos dado un paso decisivo en el camino de su completa desaparición y, en todo caso, en su anulación como personas.

.

Actualización: El día 20 de marzo de 2013, a la edad de 59 años y víctima de un ataque cardiaco, falleció el lonko Pascual Pichún Paillalao, mientras conducía su vehículo particular. Él estuvo encarcelado por este caso durante 4 años.
Be Sociable, Share!

Carlos Reusser M.

Abogado, Universidad de Chile. Máster en Informática y Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *