Skip to main content

Klaus, el perro decapitado

Como algunos de ustedes sabrán el año 2004 me fui a estudiar a la ciudad de Madrid, con mi compañera Lorena y mi perro Klaus.

Klaus es un perro Schauzer blanco muy bonito (el de la foto), de esos cuya prostitución puede financiarte una parte importante del presupuesto del año y al que compramos por nuestra inseguridad respecto de la tenencia de hijos: si no se nos moría por falta de cuidados, significaba que podíamos estudiar la ampliación de la familia.

En España llevábamos vida de estudiante arrendando un pequeño departamento plagado de libros y desabastecido de muebles; de hecho dormíamos en una cama en el suelo y Klaus en un cojín a nuestro lado junto a su único juguete: una pelota hecha de calcetines.

Un día, y a propósito del fallecimiento de un familiar, nos pusimos a conversar con Lorena sobre la muerte, la forma en que querríamos que se realizaran nuestras exequias fúnebres, el lugar donde nos sepultarían y otros temas tan alegres y festivos como los anteriores.

La conversación, desde ese momento y en adelante, tuvo un terrible efecto en mi compañera: cada noche despertaba sobresaltada para sacudirnos a Klaus y a mí, y no se volvía a dormir sin verificar “empíricamente” que estábamos respirando.

Un día (más bien una noche) y en estado de somnolencia pero con los ojos abiertos por un repentino golpe en las costillas que había recibido, contemplé una escena surrealista: Lorena tomaba a Klaus y a este se le desprendía la cabeza que rodaba ahora por el piso; y acto seguido mi compañera, desesperada, tomaba la cabeza y trataba de volver a pegarla en su lugar.

Divertido, porque ya imaginaba lo que estaba sucediendo, encendí la luz de la habitación para encontrar a Lorena, con la vista extraviada, intentando meterle la pelota de calcetines por el culo a Klaus, que me miraba colgando cabeza abajo con una expresión realmente compungida.

Be Sociable, Share!

Carlos Reusser M.

Abogado, Universidad de Chile. Máster en Informática y Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *