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Los estafetas y los juniors no son personas

Este post lo escribí originalmente el 1 de diciembre de 2005, pero por una falla del server se perdió todo lo escrito al poco tiempo. Hoy, gracias a web.archive.org, he recuperado algunos de los textos, uno de los cuales reproduzco.

Hoy día ha sido un día infame.

Como en la Facultad de Derecho vamos a impartir un Seminario sobre regulación económica y los materiales del mismo no se le habían distribuido a algunos de los alumnos, fui a entregarlos personalmente al Estudio Jurídico Grasty, Quintana y etc., ubicado en el edificio de calle Enrique Foster Sur 20.

Jamás había sido tratado en forma tan denigrante.

Entro y, primero que nada, unos guardias me ordenan perentoriamente vaciar los bolsillos. Les pregunto si hay una embajada en el edificio o algo así, pero no me contestan y me repiten que vacíe los bolsillos.
Luego me pasan por un portal detector de metales y llego ante el mesón. Previamente me han quitado la carpeta con papeles para pasarlos por un scanner.

Error. Horror.

(Me estaba empezando a mosquear…).

Me piden entonces el carnet de identidad. Se lo quedan. Ingresan mis datos en un computador. Me preguntan de dónde vengo y a dónde voy. Les contesto.

Acto seguido sacan UNA CÁMARA para fotografiarme y ahí me baja la indignación ya completa y me niego a que me saquen fotografías.

(Me pregunto, ¿cuándo van a detenerse?, ¿cuándo van a estimar que ya han reunido suficiente información sobre mí?, ¿qué es lo que viene después?, ¿harán que un perro me olisquee o me cachearán directamente?).

Me indican que como me he negado a fotografiarme, no puedo entrar al edificio.

Les pido llamar a la recepción del estudio jurídico para que bajen a buscar los papeles en cuestión. Me dicen que bueno, pero que yo NO PUEDO MOVERME DE AHI hasta que vengan a buscar los papeles, por razones de seguridad.

(¿Estallará el papel?, ¿lanzará esquirlas?).

Pasa un tiempo razonable. Nadie aparece. Les pregunto si pueden entregárselo a quienes vengan a buscarlo y me dicen que ellos no reciben ni entregan nada.

Pido mi carnet de identidad y replico: “El trato que se les da a las personas y sus protocolos de seguridad SON VEJATORIOS. Entréguenle los papeles al que venga a buscarlos o hagan con ellos lo que se les venga en gana, porque yo me voy”.
Y me fui.

Luego voy a la CEPAL (organismo de las Naciones Unidas) a buscar un documento, me piden el carnet, me lo devuelven y paso.

Mientras voy en taxi, me llaman por teléfono desde la Facultad. Quedó la cagada en el edificio de Enrique Foster: me acusan de comportamiento impropio con los guardias. Dicen que les dije que tiraran los papeles a la basura y ellos, tan obedientes, así lo han hecho. Y que mi actitud desprestigiaba a la Universidad de Chile.

Resumiendo la última parte de la epopeya: piden disculpas y admiten que el trato es “algo” INDIGNO, pero que a mí nunca debió ocurrirme algo así, porque ese es un trato reservado a otras gentes, como AUXILIARES, ESTAFETAS y JUNIORS.

Y la respuesta me deja peor ¿tan INFAMES somos en este país como para conocer y tolerar algo así?. ¿Tan prepotente se puede ser con quienes son más débiles social y económicamente como para someterlos a estos abusos y atropellos?.

¿Y esto tiene fin, o hay que empezar a acostumbrarse?.

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Carlos Reusser M.

Abogado, Universidad de Chile. Máster en Informática y Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

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