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Yo, el apóstata (o como romper con la iglesia católica)

El viernes pasado me enteré de un movimiento ciudadano que, no conforme con las políticas católicas sobre sexualidad, llamaron a apostatar, esto es, negar la fe de Jesucristo recibida milagrosa, invisible e inexplicablemente en el bautismo.

Estoy bautizado católico, pero desde hace mucho que soy un ateo convencido y de la inamovible idea de que la Iglesia Católica es una institución criminal que sólo es fuerte allí donde cunde el miedo y las mentiras, de la cual es fiel propagandista.

De hecho, la frase medieval “Matadlos a todos que Dios reconocerá a los suyos” es católica, al igual que el respaldo a Hitler en la II Guerra y la prohibición de usar condones que se hace en África, condenando a muerte a la población por el VIH.

Y aún en nuestros días, la mentira y el miedo es la base de la educación que se entrega a los niños y niñas de colegios católicos, manipulando sus conciencias en base a la culpa, razón por la cual no quiero enviar a mi descendencia a tan torvos lugares.

Animado por el hallazgo en Internet de una especie de formulario modificable, he decidido apostatar y hoy sábado he enviado a las calles Erasmo Escala 1884 (Arzobispado de Santiago) y Barros Arana 544 (Arzobispado de Concepción) una carta certificada del siguiente tenor:

Yo Carlos Patricio Reusser Monsálvez, con RUN n.° xxxxx, mayor de edad, con fecha de nacimiento 2 de agosto de 1974 y residente en xxxxx, Comuna de Providencia de la ciudad de Santiago, que según me consta fui bautizado en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en la comuna de Cañete, actuando en nombre e interés propio, y hallándome en pleno uso de mis facultades y derechos, MANIFIESTO:

— Que no encontrando en el Derecho Eclesiástico normas especiales sobre la materia de esta solicitud, recurro a usted en base a lo dispuesto en el canon 393 del Código de Derecho Canónico que dice “El obispo diocesano representa a la diócesis en todos los negocios jurídicos de la misma”.

— Que en su día fui bautizado en la fe católica como consecuencia de una decisión tomada por otras personas sin que en ese momento, a causa de mi edad, mediara en modo alguno la participación de mi propia voluntad, y sin que dispusiera de libertad suficiente para emitir un juicio sobre mis convicciones personales.

— Que tras haber meditado durante el tiempo suficiente sobre el significado de mi pertenencia a la fe católica no hallo ningún pretexto para continuar perteneciendo a la Iglesia Católica, entrando mi voluntad en contradicción con la adscripción a esta institución.

— Que de acuerdo a mis convicciones, no acepto que en mi nombre se dé validez a dichos y acciones de una institución que no me representa y que atenta permanentemente contra los principios fundamentales de una sociedad abierta, plural y democrática.

— Que la fidelidad a la propia conciencia es un derecho constitucional inalienable reconocido tanto en el artículo 19 N.º 6 de la Constitución Política de la República de Chile como en el artículo 6 de la Ley N.º 19.638, que establece la libertad religiosa y de culto expresada en la facultad de “profesar la creencia religiosa que libremente elija o no profesar ninguna; manifestarla libremente o abstenerse de hacerlo; o cambiar o abandonar la que profesaba”.

— Que, por tanto, rechazando totalmente la fe cristiana, me considero incurso en apostasía, tal y como la define el canon 751 del Código de Derecho Canónico, por lo que SOLICITO:

Me sea reconocida por la Iglesia la condición de apóstata, dejando de contarme entre sus fieles y de considerarme católico a todos los efectos —incluso los estadísticos—, incluyendo, si procediera, la oportuna anotación de apostasía en el Libro de Bautismos y cualesquiera otros registros eclesiásticos existentes.

Asimismo, que me sea comunicada por escrito la resolución que se tome con respecto a mi petición. En este acto declaro conocer y aceptar las consecuencias eclesiásticas derivadas de mi apostasía, entre ellas, la exclusión de los sacramentos, las dificultades para contraer matrimonio canónico y bautizar hijos menores y la privación de exequias eclesiásticas públicas. Quedando a la espera de lo solicitado…

Y la firmé, claro. Y acompañé fotocopia del carnet de identidad y certificado de nacimiento, por si las moscas.

En España y Europa en general también se apela a la ley de protección de datos personales, pero como la de Chile no cumple estándares mínimos de calidad, mejor olvidarlo. Y bueno, como ya no seré católico, no arderé en las llamas del infierno católico, espacio seguramente reservado a los miles de curas que en público dicen cómo debe vivir su vida sexual cada cual, y en privado se entretienen manoseando a menores de edad bajo el silencio cómplice de sus superiores (a propósito, ¿dónde estará monseñor Cox?).

Después les cuento como sigue esta peregrinación, pues se me ocurre que no va a ser nada de fácil el camino para que reconozcan mi apostasía. Es duro perder clientela, así que preveo que mi carta irá a la picadora de papeles.

 

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Carlos Reusser M.

Abogado, Univ. de Chile. Magíster en Derecho Constitucional por la Pontificia Univ. Católica de Chile y Máster en Informática y Derecho por la Univ. Complutense de Madrid. Docente universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

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